Si de pequeña eras el sostén emocional de tu familia, tus padres o cuidadores te buscaban para que escuchases sus problemas o mediases en sus conflictos y aportases soluciones, si te pusieron al cargo de tus hermanos pequeños, si te pidieron resultados de adultos con consecuencias de adultos, si te viste obligada a tomar decisiones importantes que no te correspondían… Entonces, tu infancia fue sacrificada.

 

El término parentalización fue acuñado por el psiquiatra húngaro-estadounidense Iván Böszörményi-Nagy para denominar un fenómeno muy común en las familias disfuncionales, en las que los hijos asumen el rol de padres de sus padres o cuidadores.

Estos niños son obligados inconscientemente a asumir responsabilidades, no solo que no les corresponde, sino para las que no están capacitados ni preparados, tanto por edad como por madurez. Cuando esto ocurre, los niños dejan de vivir la etapa de desarrollo adecuada a su edad para cumplir con las funciones que todo padre o madre debe proporcionar a sus hijos como son el cuidado, el afecto, la protección, el sostén, …

Se convierten en los padres/cuidadores de sus propios padres, llevando a cabo muchas o casi todas las tareas que se esperaría que hicieran sus padres para ellos. Los niños se ven inmersos en una situación en la que tienen que hacer de lo que no son, adultos responsables, un rol que les puede ir muy grande y que no solo marcará su infancia, sino que dejará un profundo rastro cuando lleguen a la adultez.

 

La parentalización es definida como un mecanismo inconsciente porque, a priori, involucrar a los niños en las tareas del hogar, enseñarlos a colaborar en casa o en el cuidado de los hermanos pequeños, puede ser considerado como una crianza responsable y suele estar socialmente aceptado, además los niños acogen bien esta condición en la mayoría de los casos puesto que ven aumentada su influencia y nos puede llevar a creer que lo que ocurre es que son más maduros que el resto de los niños de su edad, pues se ven obligados a convertirse en niños muy obedientes, atentos, con un sentido de responsabilidad muy exigente para sí mismos y para los demás, sin embargo, se les está robando su infancia y marcando su adultez.

 

A largo plazo, implica un gran impacto en el desarrollo de la identidad, la personalidad y en las relaciones personales puesto que las necesidades propias de la infancia han sido sacrificadas. Cuanto más tienen que comportarse como adultos, mayor es la pérdida de su inocencia infantil.

 

¿Por qué se puede producir la parentalización?

 

• Padres que se encuentran bajo un proceso de divorcio
• Uno de los padres o cuidadores ha fallecido
• Situaciones de riesgo social
• Padres que consumen sustancias
• Relaciones de maltrato
Padres que carecen de habilidades de afrontamiento y de regulación emocional, inmadurez.
• Negligencias en el cuidado
• Padres incapaces de reconocer las necesidades psicológicas, físicas y/o emocionales de sus hijos
• Trastorno mental de alguno de los progenitores
• …

 

Si de pequeña eras el sostén emocional de tu familia, tus padres o cuidadores te buscaban para que escuchases sus problemas o mediases en sus conflictos y aportases soluciones, si te pusieron al cargo de tus hermanos pequeños, si te pidieron resultados de adultos con consecuencias de adultos, si te viste obligada a tomar decisiones importantes que no te correspondían… Entonces, probablemente hoy, a menudo te conviertes en la cuidadora de otras personas sacrificando parte de ti misma y, de alguna manera, eso te hace sentir bien, te hace sentir importante. Tienes un gran sentido de la empatía y eres capaz de conectarte estrechamente con los demás, sientes que tu rol es el de pacificadora y haces de mediadora allá donde vas, asumiendo responsabilidades de conflictos que no te corresponden.

Aquellas responsabilidades que te obligaron a asumir siendo niña, sin tener aún las capacidades ni los recursos necesarios, probablemente han generado en ti una sensación de no estar nunca a la altura o de no ser suficientemente competente para lo que se exige de ti («no soy suficiente»). Hoy buscas recibir elogios y reconocimiento para sentirte “suficiente”, “capaz”, “buena” o “responsable”. Muy relacionado con el síndrome de la niña buena.

 

Eras una niña con responsabilidades de adulta que ha crecido pensando que tenía que ser responsable y hoy te cuesta divertirte, soltarte y fluir. Esto hace que caigas en patrones perfeccionistas y autoexigentes, tanto contigo misma como con los demás, que caigas en la hiperresponsabilidad, el sacrificio, que adoptes el rol de salvadora o caigas en la hiperindependencia y autosuficiencia. Puede que hoy seas una adulta muy competente y sientas que te vales por ti misma sin necesidad de nadie, pero en el fondo tienes una sensación de cansancio profundo, de no poder con todo, de necesitar que alguien se encargue de ti, delegar y descansar.

 

O quizás hoy huyes de todo eso, aquella sobrecarga de responsabilidades en tu infancia ha hecho que hoy de adulta huyas de cualquier tipo de responsabilidad o compromiso propia de la adultez. Huyes de los trabajos a largo plazo, de las relaciones estables, no te haces cargo de tus finanzas, eres incapaz de organizarte… como si te hubieses quedado atrapada en la adolescencia. Probablemente tienes tendencia a la depresión o a constantes estados de tristeza como un eco inconsciente, por no haber podido solventar todas las necesidades económicas, emocionales y afectivas hacia tus padres y hacia la familia.

¿Cómo lo vives tú?, ¿cómo sobreviviste a aquello que te tocó vivir?

 

Aunque existen varias clasificaciones sobre los tipos de parentalización (o parentificación), una de las más extendidas recoge estas dos modalidades:

 

Parentalización emocional

 

Padres o cuidadores con dificultades para regular sus emociones, que tienden a delegar la toma de decisiones relevantes en sus hijos ante su falta de estrategias de afrontamiento. Haciendo de los niños su sostén emocional, poniéndolos al cargo de sus estados emocionales y convirtiéndolos en mediadores en las disputas o conflictos conyugales. Por ejemplo: Tranquilizarlos cuando están alterados o angustiados, aliviar su tristeza, entretenerlos, …

Cuando tus cuidadores principales te convirtieron en un objeto para favorecer su propia regulación emocional, automáticamente a ti se te vetaron algunas necesidades y derechos emocionales. Tu educación se basó en comprender que debías estar para atender y que tus cuidadores no podían hacerse cargo de tus emociones y necesidades. El mensaje que interiorizaste fue el de que tus necesidades y emociones no eran importantes, que debían ser tapadas junto con el mensaje de no que no había nadie disponible para ti: “tengo que poder con todo sola”.

Estás experiencias han hecho que hoy, te hagas cargo del cuidado psicológico, emocional y físico de otros, olvidándote de ti (autoabandono, autotraición), que vivas desconectada de tus necesidades, de tus sensaciones y emociones, que se manifiestan en formas de ansiedad y estrés porque tu cuerpo te avisa de aquello que debes atender.

 

Parentalización instrumental

 

Padres o cuidadores que, por ausencia, no disponibilidad o incapacidad ponen a sus hijos al cargo de las tareas domésticas como la limpieza del hogar, las compras, cocinar, limpiar, asear o llevar a los hermanos pequeños al colegio, ayudar en el negocio familiar, …

Cuando te conviertes en adulta demasiado pronto tu infancia es eliminada, ese tiempo de jugar, aprender, equivocarte y estar sustentada emocional y psicológicamente es eliminado de tu vida. El mensaje que interiorizaste fue que la diversión no está hecha para ti, que hay que sacrificarse por el bien de aquellos a los que quieres.

Hoy, el sentido de la responsabilidad, el esfuerzo y el sacrificio forman parte de tu personalidad. Necesitas tenerlo todo bajo control y estás en constante lucha por mantener el equilibrio de todo. Probablemente vivas en la hiperresponsabilidad, el sacrificio y en el modo hacer porque aprendiste que tu valor personal iba en función de lo que hacías y conseguías. Estar al cargo de todo y de todos es lo que da sentido a tu vida.

 

Hoy puedes transformar todas estas vivencias y aprendizajes en nuevas formas de vivir más amables contigo, desprenderte de responsabilidades y cargas que no te pertenecen, conectar de nuevo con todas esas partes de ti que tuviste que reprimir o rechazar y darles vida de nuevo, aprender a dejarte cuidar y a ser sostenida por los tuyos, date permiso y aprende a descansar. Grábate a fuego que la felicidad y el bienestar de los demás no dependen de ti, libérate de esa carga tan pesada e injusta.

Comprende que hiciste lo que pudiste con lo que tenías. Aquellos mecanismos, estrategias y máscaras que te permitieron sobre-adaptarte en tu infancia han dejado de ser funcionales, ya no te sirven.

Hoy debes cambiar el “¿Qué pensarán?,¿qué opinarán?, ¿qué dirán?, ¿qué puedo hacer por ellos?” Por un “¿Cómo es esto para mí?, ¿cómo me hace sentir esto?, ¿qué necesito?, ¿cómo me lo voy a dar?”

 

El trabajo requiere de un encuentro entre el adulto que eres hoy y el niño que fuiste. Una integración de tu sabiduría adulta con tu vulnerabilidad infantil. Debes convertirte en el padre y la madre que tu niño interior necesitó (y aún necesita).

 

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De corazón espero, que todo lo que comparto, te ayude a iluminar allí donde más oscuro se ve.

 

Un abrazo lleno de luz y fuerza✨

 

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