Si no soporto que mi madre fuese una mujer víctima y complaciente, sometida a un marido narcisista que la acaparaba olvidándose de la atención de sus hijos, voy a negar en mí esa parte condescendiente, no permitiéndome ser vulnerable ni depender en ninguna medida de un hombre, porque eso generó mucho estrés y caos en mi hogar.

 

Todo lo que rechazas de mamá y de papá lo escondes en tu sombra y ésta acaba manifestándose tarde o temprano, de una forma u otra, pues la vida te pondrá a los espejos adecuados para mostrarte aquello que no te permites ser y para que atiendas lo que has dejado desatendido.

En el rechazo se encuentra el sufrimiento, en todo eso que no aceptas y que de una u otra forma está en ti. Revelarte contra esa parte de ti que te recuerda a tus padres, te somete y te ata, de la misma forma en la que te ata imitarlos; recuerda que los extremos se tocan y los excesos esconden carencias.

Por ello, la importancia de soltar todos los resentimientos de tu mente y de tu corazón, soltar el control y las ganas de cambiar aquello que no se puede cambiar, dejar de esperar que tu padre y tu madre te amen y te reconozcan de la manera que esa niña o adolescente necesitaba para poder convertirte tú en esa adulta amorosa, compasiva, comprensiva y protectora que necesitó (automaternaje/autopaternaje)

 

¿Cómo se empieza el camino de sanación con tus padres?

 

Antes de nada, háblate con la verdad, sin sentirte culpable por tus sentimientos. No estás haciendo nada en contra de tus padres, estás dándole voz a tu niña y adolescente interior, a lo que ella percibió y quizás no supo o no pudo nombrar. Hacernos consciente de esto nos cambia la perspectiva, nos permite soltar juicios, culpas y no caer en la minimización o invalidación de lo que mi niña/adolescente sintió:

«Lo hago por mí y por la siguiente generación, por mi descendencia».

Desde ahí, desde esa verdad, desde la voz de tu niña o adolescente es que podremos comenzar nuestro ciclo.

Primero, IDENTIFICAR:

Empieza con aquello que no soportas, que rechazas, que te duele… (lo que dejamos en la sombra)

¿Qué dejó mi madre en mí?, ¿Cómo me hacía sentir?
¿Qué dejó mi padre en mí? , ¿Cómo me hacía sentir?
¿En qué formas se manifiesta en mi vida?

Toda esa información se aloja en nuestro inconsciente (y en nuestro cuerpo) y opera desde ahí. En el inconsciente no existe el espacio-tiempo y su lenguaje es simbólico; esto nos permite resignificar la información almacenada (la historia). Los actos simbólicos nos ayudan a liberar la energía enquistada, sanar las heridas y cerrar lo inconcluso. Nos permite dejar de repetir la misma historia una y otra vez buscando un nuevo final porque el acto simbólico nos permite precisamente eso, darle un nuevo final.

Evidentemente, no podemos cambiar aquello que pasó, pero sí podemos cambiar la forma en la que lo recordamos, el significado y el sentido que le damos. Podemos cerrar lo inconcluso.

Segundo, ACTO SIMBÓLICO:

Puedes coger un folio y escribir en él todo aquello que le devuelves a tus padres: la necesidad de aprobación externa, el perfeccionismo, la autocrítica, las quejas, la necesidad de complacer, la preocupación, … escribe todos esos rasgos, comportamientos, creencias (acerca de ti, de los demás, de la vida, del mundo) que no apoyan, ni están en coherencia, con la persona que eliges ser.

Dobla el folio, mételo en un sobre y repite en voz alta: «Mamá, papá esto es vuestro, yo no lo necesito, me ha ayudado a llegar hasta aquí pero hoy no lo elijo, os devuelvo vuestra historia para poder crear la mía».

Quema esta carta (el fuego transforma).

*Si puedes, lee la carta antes de quemarla frente a una foto de tus padres.

Para sanar con mamá o papá no los necesitamos a ellos, es decir, no necesitamos su presencia. El trabajo es nuestro, nosotros con nuestra familia interna (con todos nuestros yoes).

Es necesario que soltemos toda esa rabia acumulada de todo aquello que percibimos que nos faltó o que nos sobró de nuestros padres para poder pasar a la aceptación y a la compasión.

Tercero DARME CUENTA:

Pillarme en todo eso que sigo repitiendo y elijo soltar para poder rectificar y redirigirme hacia lo que sí elijo y decido pensar/sentir/hacer/ser. Recordarme que yo elijo hacerlo diferente (sin repetir, sin reparar, sin resolver) elijo hacerlo desde mi esencia.

Mantenerme atenta a todo aquello que hago contrario a lo que hacían mis padres (rebelión): mamá era muy estricta, rígida y autoritaria, como no me quiero parecer a ella, hoy soy permisiva, indisciplinada e incapaz de poner/ponerme límites.

Mantenerme atenta a todo lo que hago por imitación: papá siempre se estaba quejando de la vida, del trabajo, de los vecinos o del gobierno y hoy yo soy incapaz de sentirme satisfecha y conforme con nada.

Una de las preguntas más frecuentes, acerca de sanar a los padres, que aparecen en las sesiones es: ¿Cómo sé si debo cortar la relación con mamá/papá?

Todas las decisiones que tomamos tienen un «peaje», un «precio a pagar» y las respuestas siempre están en ti, aquí no hay reglas ni matemáticas:

¿Cómo me hace sentir la cercanía, el contacto, la relación con mamá?, ¿Y con papá?, ¿Cómo lo siento en mi cuerpo (apatía, cansancio, ansiedad, angustia…)?

¿Cómo me siento cuando pongo distancia?, ¿Cuál es el precio que pago (culpa, juicios, críticas…)?, ¿Cómo lo siento en mi cuerpo?

Elige la opción que para ti represente un menor coste emocional y trabaja en el «precio que pagas». Hay casos y situaciones en los que se llega a la conclusión de que hay que poner distancia con papá o mamá porque siguen siendo negligentes de alguna forma.

A veces, la respuesta a la que llegas es disminuir la frecuencia de llamadas y/o visitas.

 

Sea como sea, los pasos son:

-Conectar con la verdad (niña/adolescente interior)
-Identificar/nombrar (sin culpas y sin invalidar)
-Soltar la rabia y toda la energía enquistada (sin quedarme a vivir en la rabia)
-Acto simbólico (devolver los condicionamientos)
-Elegir conscientemente otros programas (encontrar en mi dolor mis dones)
-Autoobservarme para pillarme y redirigirme hacia lo que elijo (el trabajo sobre uno mismo es continuo)
-Aceptación radical (mamá y papá son quienes son)
-Compansión y autocompasión.

Cada uno de estos pasos tiene que ir acompañado de un trabajo de reparenting: convertirnos para nosotros mismos en los padres que nuestra niña/adolescente hubiese necesitado tener

 

Mamá y papá no supieron hacerlo de otro modo porque no tuvieron las herramientas ni los referentes que les enseñasen a hacerlo mejor, eso es algo que tenemos que comprender, pero no sólo desde la mente sino desde el corazón. Para ello debes liberar toda la energía reprimida que sigue bloqueando tu cuerpo y tu corazón, dejar que brote toda la rabia y la tristeza hasta que ya no quede más, hasta que por fin la liberación te permita vivir en paz. Esto se hace poco a poco para no desbordarnos ni colapsar, con compresión, compasión, con paciencia y mucho amor hacia nosotras y hacia nuestra niña herida.

Todos tus conflictos contigo misma y con los demás son una expresión de tus asuntos no resueltos con mamá y papá. Tanto tus problemas con tus hijos como con tu pareja, amigos y demás son la expresión de tus heridas no sanadas en la infancia. Pero también tu relación contigo misma es una expresión de ese desequilibrio emocional.

Si estás en el momento de emprender tu ciclo de sanación, mi libro «HERIDA. Comprender y sanar a mi niña interior» es para ti.

HERIDA es un viaje a tu interior que se compone de 30 capítulos y 13 anexos. Un manual de 594 páginas que te ayudarán a identificar tus propias capas de dolor, de qué se compone cada una de ellas, que entiendas la función que cumplieron y de qué te intentaron e intentan proteger, qué las detona y cuál es su secuencia. Un viaje para ir quitando poco a poco y con mucho cariño, todas esas capas que te separan de tu esencia y puedas al fin descubrir todo lo que eres en realidad.

 

Leer sobre sanar a los padres, escuchar podcast o conferencias está muy bien, pero debemos llevarlo a la práctica, tomar la decisión y comprometernos con ella:

«Quiero y elijo sanar mis heridas, soltar los resentimientos, las culpas y el rencor. Soy consciente de que será un proceso que requiere de tambalear estructuras, atravesar muchas resistencias, lidiar con emociones incómodas e incluso dolorosas. Sin embargo, elijo liberarme. Con mi liberación, libero al clan, a los que fueron, a los que son y a los que vendrán. Elijo SER y estar en paz.»

De corazón espero, que todo lo que comparto, te ayude a iluminar allí donde más oscuro se ve.

Un abrazo.

 

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Te acompaño en tu proceso: TÚ eres única y tu proceso es tratado de manera individualizada a través de las sesiones personales nos ocuparemos de resolver tu problema y llegaremos a la raíz que lo causa. Tú pones el objetivo. Yo pongo la estrategia y el método. Te acompaño en tu proceso de transformación e iremos definiendo juntas cada paso, no estás sola. Pregúntame sin compromiso o agenda tu sesión de valoración gratuita.

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