Cualquier cosa que critiquemos con más dureza en los demás puede ser un sello distintivo de nuestra propia psique; lo que más odio en ti puede ser en realidad lo que más odio en mí. Es ley universal: “si lo ves, lo tienes” o lo que se conoce como “lo que te choca, te checa”. (PROYECCIÓN)

Este estilo de pensamiento es tan ilógico que cuesta creerlo y mucho más reconocerlo (reconocer de admitir y también de identificar). Sin embargo, debido a las peculiaridades de la psicología humana, en realidad es más la regla que la excepción. Comprender el fenómeno de “lo ves, lo tienes” requiere de un gran trabajo de autoobservación, una mente abierta, un pensamiento enfocado y constancia, pero el esfuerzo te traerá coherencia, más paz y cordura a tus relaciones y a tu vida interior. ¡Merece la pena!

 

¿Por qué detectamos lo que tenemos?

Ésta es una verdad universal:

 

Experimentamos mucho más aquellos pensamientos o sentimientos que tratamos de evitar.

 

¿Por qué? Porque cuando nuestros cerebros escuchan la instrucción de evitar un tema determinado, responden buscando cualquier pensamiento relacionado con ese tema para escapar de ellos.

El psicólogo Daniel Wegner llama a esta búsqueda el «Proceso de monitoreo irónico”: Cuando intentamos quitarle nuestra atención a algo, activamos un monitoreo mental que se concentra en cada recuerdo, cada impresión sensorial, estímulo y cada experiencia relacionada con el sujeto/objeto prohibido. (Por ejemplo: imagínate que quieres eliminar las prendas rojas de tu armario, tu mente deberá primero localizarlas. Este es el monitoreo)

El fenómeno de “lo ves, lo tienes”, ocurre cuando hacemos cosas que están en oposición a nuestro propio sistema de valores y código interno. Para sentirnos bien actuando de manera que no sea reprobable, debemos reprimir nuestro reconocimiento de que lo estamos haciendo, lo rechazamos.

Nuestro monitoreo va a toda velocidad; nos volvemos “hipertensas” ante cualquier cosa que nos recuerde el comportamiento que estamos negando en nosotras mismas, enfocándonos con una intensidad inusual en el menor indicio de ese comportamiento en los demás, o imaginándolo donde ni siquiera existe. (Reacción emocional sobredimensionada)

 

“Todo exceso tapa una carencia”

 

Es por eso que la gente puede decir cosas como: «Si sigues golpeando a la gente, te daré una bofetada!” o “Le miento porque él me miente».

Condenar a los demás por nuestros peores rasgos, es algo que hacemos para ganarnos un genuino respeto por nosotros mismos, en un intento de ocultarnos (y ocultar) eso que debemos cambiar en nosotros. Es en esta misma hipocresía, es donde está la clave para resolverlo, pero esto siempre es más fácil verlo en los demás que en nosotros mismos, somos más conscientes de la “hipocresía ajena” que de la nuestra propia. Así que comencemos por ahí.

 

PROYECCIÓN Y RECHAZO

 

Cuando somos nosotros los que estamos criticando en otro aquello que tenemos, no vemos la paradoja; simplemente sentimos un enorme rechazo hacia las acciones de la otra persona. Pero cuando es otro el que está haciendo lo que asegura despreciar, ahí sí, nos salta la alerta.

 

CUESTIONA, DUDA, SOSPECHA

 

¡Alerta hipócrita! El amante infiel que ve pruebas en todas partes de la infidelidad inexistente de su pareja; el compañero de trabajo grosero e hiriente que espera ser tratado con amabilidad y respeto; el extremista político que se opone violentamente a la violencia; el fantasioso dudando de la veracidad de lo que cuentas…

 

OBSERVA, IDENTIFICA Y LIBERA

 

La naturaleza traviesa de nuestra psicología asegura que todos, de vez en cuando, vemos lo que tenemos. Sin embargo, rara vez somos conscientes de nuestro autoengaño; simplemente nos encontramos criticando en silencio y juzgando los comportamientos de los demás: “Si Pepe no fuera tan vago, siempre me llevaría el desayuno a la cama” .

 

¿En qué medida, esto que rechazo en el otro está en mí?

 

Cuando estos pensamientos se vuelven especialmente dominantes, existe una alta probabilidad de que tengamos lo que detectamos. Pero podemos convertir nuestra propia “hipocresía inconsciente” en una maravillosa herramienta para el autoconocimiento y crecimiento personal.

Trabajar en identificar en nosotros todos esos rasgos, conductas y comportamientos que nos hacen reaccionar de forma desmedida cuando los vemos en los demás, forma parte del trabajo con la sombra (Shadow work)

 

Todos hemos sido lastimados y hemos aprendido a esconder partes de nosotros mismos para no volver a lastimarnos.

 

El Shadow Work es una forma de explorar el paisaje interior y descubrir el oro que se esconde en las sombras. Es una forma de llegar a ser cada vez más lo que realmente somos. Es una forma de enfrentar el dolor, el miedo, la ira y aprender a vivir más plenamente. Sobre todo, es una forma de amarnos a nosotros mismos por los caminos que hemos elegido. Aceptar cada una de nuestras partes.

 

Pero, ¿qué es la sombra?

 

El término “sombra” fue utilizado por primera vez por Carl G. Jung para describir la parte reprimida o negada del Ser. Robert Bly popularizó esta idea en “A Little Book on the Human Shadow”.

Cada uno de nosotros nació con una «personalidad de 360 ​​grados». De niños expresamos toda la amplitud de nuestra naturaleza humana, sin editar ni censurar. – Robert Bly –

 

Sin embargo, a medida que crecimos, aprendimos que ciertas porciones de nuestro pastel de 360 ​​grados eran inaceptables para las personas que nos rodeaban. Tal vez nos avergonzaron por llorar o nos castigaron por estar enojados. Tal vez fuimos ridiculizados por querer llamar la atención o actuar orgullosos de nosotros mismos. Entonces, aprendimos a reprimir esas rebanadas de nuestro pastel (las que nos «hicieron» daño).

Según Robert Bly, fue como si hubiésemos escondido estas cualidades inaceptables en una mochila y que hemos estado cargando desde entonces.

Nuestra sombra se compone de todas las partes de nosotros mismos que hemos metido en la mochila (pueden ser partes “positivas” o partes “negativas”). Nuestra sombra se compone de todas esas partes que hemos separado, reprimido o negado, las partes de nosotros mismos que tenemos miedo o que nos avergüenza mostrar.

Pero cuando el peso de esa mochila nos frena y nos impide ser quienes realmente queremos ser, es hora de abrirla. Es hora de encontrar un lugar seguro para mirar dentro de ella, examinar su contenido y ver qué necesita salir.

 

Fase uno: Escribe lo que no soportas de los demás y que te encuentras a menudo.

 

Para comenzar, enumera todos los pensamientos desagradables y críticos que tienes sobre ciertas personas.

  • ¿Quién te ofende más en este momento?
  • ¿Qué es lo que más odias de ellos?
  • ¿Qué cosas espantosas te han hecho?
  • ¿Qué comportamiento deberían cambiar?

 

Escribe todos tus pensamientos, los más controladores, acusadores y todos tus juicios de valor.

 

Fase dos: Cambia de lugar

 

Ahora repasa tu lista y ponte en el lugar de la persona a la que estás criticando.
Vuelva a leerlo y se honesto:

¿Podría ser que el zapato de tu enemigo se ajuste a tu propio pie?

 

-Si escribiste: “Fulanita siempre quiere las cosas a su manera”, ¿podría ser igualmente cierto “Yo siempre quiero las cosas a mi manera”?, ¿podría ser igual de cierto “no soy capaz de exponer mi manera de hacer las cosas y termino cediendo a la forma de los demás”?

¿Podría ser que esta sea la razón por la que el egoísmo de Fulanita, te molesta tanto?

 

-Si escribiste: “Javi tiene que dejar de aferrarse y darse cuenta de que nuestra relación se acabó”, ¿podría ser que también te aferras a la relación cavilando todo el día sobre el apego de Javi?

A veces jurarás que no ves en ti mismo esos rasgos inaceptables que notas en los demás. Lo ves, pero aseguras que no lo tienes.

 

Mira de nuevo:

 

-Observa si estás tolerando implícitamente (con tu no acción) el abuso de otra persona al NO ponerle límites, lo que coloca sus acciones del lado del rasgo que odias.

-Puedes estar facilitando las malas formas que tu jefe tiene al decirte las cosas al inclinar la cabeza y aceptarlo, en lugar de ponerle tu límite o marcharte.

-Quizás odias la codicia de un amigo todo el tiempo que le permites tomar más de lo que le corresponde. Indirectamente estás abriendo la puerta a los comportamientos que desprecias.

 

¡OJO! Esto no es quitarle la responsabilidad a quién la tiene, ni justificar ataques de los demás ni abusos de ningún tipo. El objetivo es abrir nuestra mente y entender nuestro comportamiento y el de los demás para: ayudarnos a poner límites claros y firmes, a comunicar de forma asertiva lo que necesitamos y en qué momento, no jugar a ser adivinos y entender que los demás tampoco lo son, utilizar aquello que me molesta o incomoda de los demás como herramienta de autoconocimiento, y a partir de ahí, pasar a la acción.

 

Sin duda, abrir nuestra mente y tener presente la dinámica de “lo que te choca te checa”, nos puede enseñar grandes lecciones y nos ayuda a identificar, tanto nuestra hipocresía inconsciente, como la de los demás. Nos libera de los lugares en los que más nos atascamos.

 

Automáticamente nos volvemos más libres, menos atrapados en la ilusión y el autoengaño, menos obsesionados con los defectos de otras personas, menos prejuiciosos y criticones.

 

IMPORTANTE: Recuerda que el fenómeno de “lo ves, lo tienes”, también se aplica a las cualidades o rasgos positivos que pueden incitar a los celos o la envidia de otro, específicamente cuando no reconocemos estas cualidades o rasgos en nosotros mismos.

 

¿Alguna vez has estado celoso del éxito de otra persona? Es probable que no estés reconociendo el hecho de que tú también puedes crear ese tipo de éxito si es algo que realmente deseas.

 

IMPORTANTE: Los comportamientos o actitudes que no soportamos en los demás, pueden estar en nosotros de tres formas: yo lo tengo con los demás, yo lo tengo conmigo misma, no me permito tenerlo en ninguna medida.

 

Fase tres: ACCIÓN.

 

Ahora que tienes identificado de qué manera está en ti aquello que te incomoda o no soportas, crea tu lista con esos comportamientos o actitudes y después responde a las siguientes preguntas:

 

  • ¿Cuál ha sido el aprendizaje principal?
  • ¿Cómo y dónde voy a aplicar lo aprendido?
  • ¿Para qué quiero aplicarlo?
  • ¿Depende de mí?
  • ¿De qué me he dado cuenta?
  • ¿Qué voy a hacer diferente a partir de ahora?
  • ¿Qué va a ser diferente cuando logre implementarlo?
  • ¿Qué veré, qué sentiré, qué oiré?
  • ¿Cómo influirá en mi día a día?
  • ¿Qué haré cuando lo implemente que ahora no hago?
  • ¿Necesitaré el apoyo o ayuda de alguien?
  • ¿Cómo voy a conseguir ese apoyo o ayuda?
  • Del 1 al 10 ¿cuál es mi nivel de compromiso con esto que me he propuesto?
  • Si es menos de 10 ¿qué necesito para que sea un 10?

 

De corazón espero, que todo lo que comparto, te ayude a iluminar allí donde más oscuro se ve.

Un abrazo.

 

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