Por nuestra mente pasan un sinfín de expectativas y deseos acerca de cómo nos gustaría que fueran las cosas e incluso de cómo «deberían ser”.
No podemos reconocer la complejidad de la existencia, de modo que lo que hacemos cada uno de nosotros es INTERPRETARLA, y es aquí cuando empiezan las decepciones, las frustraciones, los malos entendidos y los conflictos.

La vida no entiende de lo que es justo o no, tampoco de merecimientos y cada uno de nosotros interpreta las cosas según sus circunstancias y sus filtros, y aún sabiendo esto, seguimos esperando que las cosas y los demás funcionen tal y como habíamos planeado.

Y ahí seguimos, luchando por cambiar lo que no es posible cambiar, buscando una nueva realidad ilusoria que nos saque del miedo que tenemos a mirar de frente la vida tal como es, tal y como se nos da.

 

Hablemos de expectativas….

¿Qué son?

Son creencias y suposiciones acerca de cómo tienen que ser las cosas. Sobre cómo tienen que ser los demás (se vuelven exigencias y reclamos), sobre cómo tengo que ser yo (Se convierte en esa voz autocrítica, avergonzante y culposa) y sobre cómo tiene que ser la vida (se convierte en victimismo y lucha constante)

 

¿Cómo se forman?

Las expectativas se van formando desde la infancia, a través de mamá, papá o cuidadores, a través de profesores y figuras de referencia; a través de ellos aprendimos (y nos creímos) a cómo debíamos ser, a cómo comportarnos, aprendimos (y supusimos) lo que se esperaba de nosotros, cómo tratar con los demás, cómo funciona el mundo, la vida…

La sociedad y la cultura en la que vivimos, también influye en todas esas expectativas que se van modificando o consolidando en base a todas las experiencias de nuestra vida.

**Las creencias también funcionan como expectativas.

 

¿Se puede vivir sin ellas?

¿Qué sentido tendría la vida o nuestra relación con los demás si no esperásemos nada? Y no me refiero “esperar”, de esperar algo a cambio, sino de que lo hacemos con un fin, con un sentido.

Es inevitable tener expectativas acerca de algo o de alguien. Todos nos las vamos formando como un proceso automático de nuestra mente. También funcionan así las expectativas que tenemos sobre nosotros mismos.

Nuestro cerebro busca ahorrar energía, busca resumir, sintetizar información, así como anticipar acontecimientos (instinto de supervivencia) es por esto que muchas de nuestras expectativas pueden funcionar como “causa – efecto”, esto es “si hago X cosa, obtengo Y” y si en lugar de Y obtengo Z me decepciono, me frustro o, me enfado.

Por eso la clave no está en luchar contra ellas o intentar no tenerlas sino en tener presente que:

 

“Yo deseo que algo ocurra de determinada forma o que alguien se comporte de determinada manera, sin embargo, puede que no suceda así (porque no tiene porque) y seré capaz de soportarlo”

Clasificación:

Hemos hablado de cómo se forman y para entenderlas un poquito mejor las clasificaremos en tres grupos:

 

1. EXPECTATIVAS SOBRE MI PERSONA:

 

a. Lo que yo espero de mí. Por roles, etiquetas, “Yo ideal”, comparaciones…

b. Lo que los demás esperan de mí. Por peticiones expresas. Por ejemplo, si tu madre te repetía constantemente que te pagaban los estudios para que fueses una excelente médica o para que te quedases al mando de la empresa familiar.

c. Lo que CREO que los demás esperan de mí. Suposiciones.

Todas estas expectativas sobre mi persona pueden traer consecuencia como:

-Perfeccionismo y autoexigencia
-Diálogo interno negativo
-Culpa o vergüenza
-Sentimientos de insuficiencia
-Entre otros.

 

La imagen que nos hemos creado acerca de nosotros mismos, está cargada de expectativas: de nuestros padres, familia, profesores, compañeros de clase, amigos, parejas…. De lo que han esperado de nosotros, nos han influido inevitablemente a crear nuestro autoconcepto.

Es así como aparece el suceso psicológico llamado el efecto Pigmalión: Las creencias y expectativas que tenemos acerca de una persona, influyen en su rendimiento y forma de comportarse y en generar creencias sobre lo que puede conseguir y lo que no.

 

2. EXPECTATIVAS SOBRE LOS DEMÁS:

Creencias y suposiciones acerca de cómo deben ser y comportarse los demás. Estas expectativas se convierten en:

-Exigencias (carencias, vacíos…)
-Falta de empatía
-Falta de asertividad (Para hacer peticiones acerca de lo que esperamos)
-Adivinación (Deberías saber lo que quiero)
-Entre otros.

Si siento que alguien me ha decepcionado, es mi responsabilidad aceptar que era mi creencia, mi expectativa, la que yo me he creado. La otra persona está en su derecho de no corresponder a lo que yo esperaba de ella. Poco a poco, hemos ido construyendo una imagen de la otra persona y esperamos que la realidad se corresponda a nuestra construcción mental. Sin embargo, cuando esto no ocurre, sufrimos y culpamos a la otra persona.

 

3. EXPECTATIVAS SOBRE LA VIDA Y EL MUNDO:

Creencias y suposiciones acerca de cómo tiene que ser la vida y el mundo. Por ejemplo:

a. Lo que es justo. “La vida debería de ser justa”. La vida no es justa, a las “personas buenas” les suceden cosas malas. Esperar que podamos librarnos de los problemas y dificultades solo porque somos “buenos” es un ejemplo de expectativa poco realista que solemos alimentar.

b. Lo merecido. “Si soy buena persona no me pasarán desgracias”

 

”El sufrimiento llega cuando no aceptamos que la realidad es diferente a cómo esperábamos o deseábamos que fuera”

 

Como dijo la escritora Margaret Mitchell: “la vida no está obligada a darnos lo que esperamos”.

La vida no atiende a merecimientos ni a lo que es justo o no, la vida simplemente es. Nos cuesta asumir que si algo nos decepcionó, fue más bien debido a nuestra expectativa previa y no a los acontecimientos en sí, es decir, a la construcción anticipada que realizamos de la situación.

Si deseas que ocurra algo, debes asumir una actitud proactiva y dar los pasos que sean necesarios para que ese deseo se convierta en realidad, no esperar pacientemente a que los demás adivinen qué quieres o esperas de ellos.

 

¿Cómo sé si las tengo?

Tenerlas, !las tienes¡ pero puedes observar y preguntarte:

-Tus ”Tengo que”, tus “debería”. (“Yo Responsable”)
-Mi Yo ideal
-Observa tus emociones: frustración, decepción, estrés, ansiedad, culpa, vergüenza, presión…
-Metas y objetivos
-Patrón perfeccionista.
-¿Qué espero de mi trabajo?
-¿Qué espero de la vida?
-¿Para qué hago lo que hago?

 

¿CÓMO MANEJAR LAS EXPECTATIVAS?

 

1. Hacernos conscientes de qué es lo que estoy esperando que suceda, y de que puede que no suceda.
2. Si lo espero de otra persona, hacer peticiones expresas, concretas, “nadie es adivino”.
3. Aceptar que los demás no están para satisfacer nuestras necesidades y la vida tampoco. (Ni nosotros a ellos)
4. Trabajar en nuestra capacidad para tolerar la decepción. (Flexibilidad y adaptación)
5. Comenzar a discernir entre nuestros asuntos, los asuntos de los demás y los de la vida. Ocuparnos solo de los nuestros.
6. No caer en la queja victimista → Las quejas han de ser efectivas y proactivas.
7. Chequear nuestro “yo ideal”: en base a qué estándares me estoy midiendo, de quién, quién lo dice… ¿Cuánto bienestar me está costando ese yo ideal?
8. Trabajar en la excesiva necesidad de aprobación (autovaloración, autoimagen, autoconcepto, autoeficacia). Que no le guste a alguien no tiene nada que ver conmigo – NO ES PERSONAL.

Aquí te dejo un live de Instagram en el que hablamos sobre las expectativas y el sufrimiento que nos generan:

Live «Expectativas y sufrimiento» con Andre Ziffer.

 

De corazón espero, que todo lo que comparto, te ayude a iluminar allí donde más oscuro se ve.

Un abrazo.

 

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