Vas a trabajar, sonríes, dices que estás mejor, respondes mensajes, … eres una adulta funcional, pero por dentro … sigues esperando el próximo ataque. Un olor, un tono de voz, un mensaje sin respuesta, un silencio donde no toca, una ausencia … y el cuerpo ya reaccionó.
Te despiertas en la madrugada, tu cuerpo reacciona antes que tú, sientes prisa y a la vez bloqueo, sobre-piensas, piensas que deberías estar mejor … pero no puedes.
Y sí, por fuera pareces estar bien, pero por dentro … hay una alarma que no se apaga, esperando lo peor, atenta para defenderse. Y esto a veces se siente en hiper-acción y otras en parálisis o bloqueo.
Que todo funcione más o menos bien, no es “estar bien”. Funcionar no es sanar.
Tu cuerpo aprendió a resistir, a sobrevivir. Y eso que lo mantuvo a salvo, hoy te tiene atrapada.
Tu cuerpo aprendió una sola cosa: no bajar la guardia.
Lo sientes en los hombros, en el cuello, en el pecho, mandíbula … todo el tiempo.
Ya has hecho terapia, has leído de todo, lo entiendes y el cuerpo sigue igual.
Lo más frustrante es que ya entendiste todo y tu cuerpo sigue reaccionando igual.
Sabes que no estás en peligro.
Sabes que esa persona ya no está.
Sabes que deberías estar mejor …
Pero un estímulo mínimo: un tono, un silencio, una ausencia … y tu sistema nervioso vuelve al mismo lugar.
Y ahí aparece la duda: “¿Por qué sigo así si ya lo trabajé?”
La respuesta no es falta de trabajo, es dirección equivocada. Intentaste resolver algo corporal desde la mente. Porque la terapia le habla a tu mente, lo que lees es información para tu mente, pero el trauma no vive ahí.
El trauma vive en el cuerpo. En la tensión del cuello que nunca desaparece, en el nudo del estómago sin razón aparente, en la presión del pecho … y mientras eso no cambie, por mucho que comprendas y entiendas, seguirás atrapada.
Primero va el cuerpo, y desde ahí la mente puede procesar lo que viviste.
Ese es el orden correcto y, probablemente, nadie te lo había explicado.
Cuando el cuerpo recibe la señal correcta el insomnio de guardia cede, la rumiación en bucle se detiene, la ansiedad sin causa desaparece, la niebla mental se disipa … no porque lo entendiste, sino porque tu cuerpo finalmente lo creyó.
Y sí, en la terapia hablada se hizo lo que se pudo, se trabajó con lo que se podía ver, pero hay una capa que no se ve desde arriba, a la que solo se llega desde el cuerpo y eso requiere un tipo de trabajo diferente.
Tu cuerpo no solo necesita escuchar que el peligro ya pasó, necesita constatarlo, experimentarlo.
El cuerpo necesita sentir que puede dejar de defenderse.
Eso es lo que apaga la alarma interna que se quedó prendida.
El sistema nervioso no se convence. Se entrena.
Y cuando aprende a salir del estado de alerta, todo lo demás empieza a acomodarse.
El sistema nervioso actualiza sus predicciones cuando recibe evidencia corporal repetida que contradice el patrón anterior. No cuando entiende, sino cuando lo experimenta.
Así es como se construye capacidad para soltar y reemplazar patrones.
Demostrárselo al cuerpo, con experiencia somática repetida que reescribe la predicción.
Se trabaja de abajo hacia arriba, no al revés: del cuerpo hacia la mente.
A esto se le llama trabajo bottom-up.
Esto es Neurobiología del Trauma: el estudio real de cómo el sistema nervioso, el cerebro y el cuerpo se reorganizan frente a una amenaza sostenida.
Por eso hay memorias traumáticas que, después de años de terapia hablada, siguen intactas.
No se empieza por el relato.
Se regula el cuerpo primero.
Y desde ahí, se comprende lo que pasó.
Cuando en tu proceso de terapia haces ejercicios de regulación del sistema nervioso estás literalmente usando este mecanismo celular natural de la memoria para ayudar a re-escribir las huellas traumáticas con nuevas experiencias corporales seguras.
Así lo trabajamos en sesión, comienza por el cuerpo y el sistema nervioso, integrando cómo estas experiencias afectan la manera de responder, vincularse y recuperar seguridad interna👇🏼
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El cuerpo no olvida, incluso si no lo recuerda de forma consciente, tus células lo recuerdan por ti. Los ejercicios de regulación corporal están creando literalmente nuevas memorias celulares que te ayudan a sanar experiencias traumáticas.
Tu cuerpo se reprograma a sí mismo a través de la repetición del movimiento, las posturas energéticas y las rutas neuronales. La solución no es calmarse a la fuerza, sino restaurar la seguridad sensorial.
EMPIEZA POR ESTOS TRES PASOS
1. Activa señales de seguridad:
-Pasa quince minutos al día descalzo, sobre diferentes texturas.
-Mueve los dedos de tus pies.
-Sal a espacios abiertos.
–Deja de mirar el móvil.
-Mira al horizonte. Lejos.
Sin mover los ojos activa tu visión periférica = Intenta ser consciente de lo que hay alrededor mientras miras lejos (así activas la visión periférica).
2. Descarga para relajar:
-Si sientes mucha tensión no intentes meditar, sacude el cuerpo durante dos minutos.
Esto le dice al sistema: «la amenaza pasó, puedes soltar la carga».
-Haz Humming. El sonido le indica al tronco encefálico que el peligro ha pasado.
*En un artículo anterior, «Herramientas terapéuticas y de trabajo interior» hablamos de la musicoterapia.
3. Enraizamiento sensorial:
-Busca momentos donde el sol te da en la cara, el sabor de tu bebida favorita, el tacto de una tela …
Cuando sientas uno, detente diez segundos.
-Saborea esa sensación de «estoy a salvo ahora mismo».
Técnica 5-4-3-2-1 (5 sentidos)
5 cosas que puedas ver en ese momento
4 sonidos que puedas escuchar -aunque sea algo mínimo, como el viento o un ruido de la calle.
3 cosas que puedas sentir mediante el tacto
2 olores que puedas identificar
1 que puedas saborear.
Esto entrena la flexibilidad de tu sistema nervioso para que aprendas a volver a la calma más rápido.
Realiza alguno de estos puntos por uno o dos minutos varias veces al día. Si intentas hacer todo esto a la vez tu sistema lo sentirá como una tarea más y se estresará. Menos es más.
Si intentas hacer desde la intensidad, desde la disciplina forzada, desde la presión… te agotas. Y el sistema vuelve al patrón anterior.
Pero si la sostienes desde la regulación, desde micro–acciones coherentes, desde repetición suave… entonces, el cerebro empieza a actualizar su mapa.
-La corteza prefrontal deja de luchar.
-El sistema límbico deja de alarmarse.
-Y lo nuevo se vuelve normal.
📝PEQUEÑA PRÁCTICA DIARIA:
–Para un segundo y percibe el peso de tus hombros.
–Nota si la mandíbula descansa o está tensa.
–Observa si la respiración desciende por sí sola o si eres tú quien la sostiene. (Respira por tu nariz)
– Ahora toma una respiración profunda, mueve levemente tu cuello hacia los lados y hacia delante y atrás, eleva tu barbilla, espalda erguida y hombros ligeramente hacia atrás (ocupa todo tu espacio de forma natural).
Cuando la liberación nace desde el cuerpo y no solo desde la mente, aspectos dormidos comienzan a florecer.
*Te dejé un artículo para comenzar a incorporar el hábito de la respiración consciente: «Cómo comenzar a practicar la respiración consciente»
Lo primero: tu sistema nervioso necesita recuperar su capacidad de detectar señales de seguridad. Se desactiva y se desensibiliza. Empezando por el cuerpo.
En sesiones trabajamos con técnicas de respiración, prácticas somáticas y otras herramientas que nos permiten segurizar el cuerpo y trabajar con el inconsciente para poner luz a aquello que quedó inconcluso, liberar energía residual de supervivencia que quedó atorada.
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Cuando el mapa es claro, es más fácil trabajar y liberar lo que duele.
Poner orden al caos interno.
Así es como se construye capacidad para soltar y reemplazar patrones.
No con insight. No pensando “estoy a salvo”. Demostrárselo al cuerpo.
Viviéndola en el cuerpo hasta que el sistema nervioso la crea y se lo cree.
Con experiencia somática repetida que reescribe la predicción.
Requiere energía disponible, orientación hacia ti misma, y la capacidad de sostenerte en lo nuevo sin que el sistema lo suprima/evite antes de que salga.
Tu cuerpo sabe tu historia. Y también puede escribir una nueva.
Ve integrando cada práctica y ve alternando con aquellas que te llamen más la atención. Lo más importante aquí es encontrar las herramientas que más resuenen contigo y ser constante con ellas.
Es esencial que integres en tu rutina de bienestar: respiraciones profundas todos los días y observando que tu respiración natural sea por tu nariz, estirar el cuerpo a diario, un buen descanso y comer de forma saludable y consciente.
En resumen, se trata de ir incorporando en nuestro día a día pequeñas prácticas sencillas que vayan devolviéndonos e instaurando en nuestro cuerpo el mensaje de «estoy cuidando de mí, respeto y cuido mi energía, estoy a salvo» … para así poder salir del modo supervivencia y devolverle a nuestro sistema nervioso su capacidad de regulación y resiliencia. Pues solo desde ahí, habiendo creado seguridad interna y músculo somático, es que podremos trascender nuestros ciclos de sanación sin desbordarnos, colapsar o retraumatizarnos.
*Te dejé un artículo en el blog llamado «Cómo se siente salir del modo supervivencia» en el que te cuento cada una de las posibles fases o etapas que podemos atravesar en el camino de la supervivencia hacia la regulación.
¿Quieres que te acompañe en tu proceso?
Te acompaño en tu proceso: Te acompaño en ese viaje hacia lo más profundo de ti, a ir soltando todo lo que no te pertenece, a ir poniendo luz a esas partes que tuviste que esconder, ir renunciando a la esclavitud de la aceptación de otros, volver a sentirte segura siendo tú. Sentirte adulta, aceptarte y poder darte la incondicionalidad legítima que un día quizás no recibiste y que aún hoy estás necesitando. Pregúntame sin compromiso.
*Todos los procesos son personalizados y adaptados a la persona y sus circunstancias (nadie viene con manual de instrucciones)
Espero de corazón que todo lo que te comparto te sea de gran ayuda e ilumine ahí donde más lo necesites.
Un abrazo lleno de luz y fuerza✨
Manual completo de autosanación: «HERIDA. Comprender y sanar a mi niña interior» Un viaje a tu interior, un mapa de ruta exacto compuesto por 30 capítulos y 14 anexos que te ayudarán a identificar tus propias capas de dolor, de qué se compone cada una de ellas, que entiendas la función que cumplieron y de qué te intentaron e intentan proteger, qué las detona y cuál es su secuencia.Un viaje para ir quitando poco a poco y con mucho cariño, todas esas capas que te separan de tu esencia y puedas al fin descubrir todo lo que eres en realidad. Sentirte adulta, aceptarte y poder darte la incondicionalidad legítima que un día no recibiste y que aún hoy estás necesitando. (Edición revisada, actualizada y ampliada). *Manual para consultantes y terapeutas.
Herida materna: «La Herida Materna. Sanar el dolor del linaje materno». Un camino de vuelta a la génesis de tu herida matriz para comprender y sanar la historia y la pre-historia del origen de tu dolor materno. Reconstruir las estructuras psíquicas y emocionales que te llevarán a expandirte desde la nueva relación que crearás contigo misma desprovista de condicionamientos, lealtades y asuntos que no te pertenecen. *Si eres terapeuta o acompañas a otras personas en su proceso de sanación, con este manual adquieres herramientas, prácticas y recursos guía con las que profesionalizar tu trabajo de acompañamiento a otras personas en el desafío de sanar la relación con mamá.
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