A lo largo de nuestra vida nos encontraremos con problemas complejos que no tendrán una solución simple, pero ¡eso no quiere decir que no la tenga!

 

A veces, un mismo problema puede tener varias (y hasta muchas) soluciones, y otras, la solución más sencilla está delante de nuestras narices. Solo hay que cambiar el punto de vista y mirar el problema desde otra perspectiva.

 

En las sesiones invito a reflexionar sobre todos esos retos y obstáculos que se nos presentaron a lo largo de nuestra experiencia vital, de los que aprendimos y los que logramos trascender. Esto nos ayuda a «demostrarnos» (con pruebas) todo lo que somos capaces de hacer y de conseguir, nos recuerda que todo pasa y que contamos con una cajita repleta de herramientas de vida.

Incluso cuando el problema no se resolvió como nosotros esperábamos, seguimos aquí y desarrollamos ciertas capacidades y habilidades que nos permitieron continuar hacia delante.

Pecamos de recordar lo no conseguido, lo que quisimos que sucediera y no sucedió, recordamos las vergüenzas, la impotencia, los sueños frustrados… y todo ese conjunto de recuerdos se desploman sobre nosotros cuando nos enfrentamos a nuevos retos, desafíos o problemas; ¡hagamos una nueva lectura a todo eso!

Recordemos nuestra capacidad para adaptarnos a lo que sucedió, las veces que nos levantamos tras la caída, las ganas de volver a intentarlo o de intentar otra cosa, nuestra capacidad para recomponernos, el cómo desarrollamos nuestra capacidad de aceptación (a veces forzada), quizás nuestra entereza al retirarnos, nuestra resiliencia. Hagamos una lectura justa de lo que nos sucedió, así como lo haríamos con un ser querido. ¿Cuántas de nuestras habilidades, capacidades y fortalezas podríamos identificar con una mirada más compasiva?

 

Lo más maravilloso es cuando descubres que muchos de los momentos de más satisfacción y fe en ti, han sido resultado de haber superado esos desafíos, de haberles «hecho frente» y haber conseguido transformar y resolver la situación «problemática».

De hecho, hay personas que “buscan los problemas”. Personas que, tras momentos de éxito y logro, manifiestan la necesidad de proponerse nuevos desafíos y salir de su zona de confort para aventurarse en la conquista de nuevos horizontes, reactivando la motivación de superación personal.

En el otro extremo, estarían las personas que no se enfrentan a los problemas, que renuncian a sus metas ante la primera dificultad. Suelen tener un bajo nivel de tolerancia a la frustración y/o a cometer errores, les cuesta afrontar la adversidad y tienden definitivamente a la EVITACIÓN. Más adelante hablamos de esta tendencia de afrontamiento.

De manera que se podría decir que no son los problemas los que nos definen, sino la manera que tenemos de afrontarlos.

 

Así que, el que sean una amenaza para nuestra felicidad y bienestar dependerá, en gran medida, de nuestras habilidades y recursos personales para hacerles frente. (Esto tiene mucho que ver también con el «cómo de capaz me perciba y los recursos que yo considere que tengo»).

 

Te dejo 4 pasos que pueden ayudarte a afrontar los temidos «problemas» sin caer en la parálisis y evitando bucles mentales.

 

4 PASOS PARA RESOLVER PROBLEMAS DE FORMA EFICAZ

 

1. Define el problema:

Se trata de describirlo con detalle, en términos específicos y concretos, utilizando solo los hechos objetivos, sin basarnos en nuestras opiniones ni creencias. Es muy importante en esta fase identificar los factores y las circunstancias que hacen que una situación concreta se convierta para nosotros en un problema. También hay que definir las metas principales y específicas relacionadas con la solución al problema.

En resumen, hay que intentar determinar quién, qué, dónde, cuándo, por qué y el cómo de cada problema:

¿Cuál es el problema?, ¿Cuál es el estado actual del problema?, ¿Qué factores hace que sea un problema?, ¿Cuáles son los obstáculos?, ¿Cuál es la meta u objetivo que quiero conseguir?, ¿Es realista?

2. Genera alternativas y posibles soluciones:

¿Qué posibles soluciones hay?, ¿Quién sabe y podría ayudarme en este tema?, ¿Qué haría X en esta situación? (X refiere a esa persona que admiras por su capacidad resolutiva, por ejemplo). No descartes ninguna solución por el momento, por muy irracional que parezca, puede servir para generar nuevas ideas. La CREATIVIDAD en esta fase es fundamental.

3. Escoge una solución:

¿Cuál es la mejor solución? (Aunque no sea perfecta), ¿Qué aspectos soluciona?, ¿Puedo ponerla en práctica?, ¿Qué necesito?, ¿Cuánto tiempo necesitaré?, ¿Qué consecuencias a corto, medio y largo plazo tendrá?, ¿De quién necesitaré ayuda?, ¿Cómo la conseguiré?

4. Acción y verificación:

¿Cómo sabré que ha funcionado? Ponte indicadores concretos para evaluar los resultados. En caso de que no resulte como esperabas, puedes probar con otra de las posibles soluciones del paso 2 o empezar de nuevo por el paso 1.

PRUEBA – ERROR – REAJUSTE – PRUEBA

 

El hecho de que estos pasos nos resulten más o menos efectivos, tendrá que ver con el cómo me veo de capaz para resolver el problema, cómo me siento ante esta determinada situación, cómo me estoy contando esto que pasa, dónde tengo puesto el foco… El factor humano cuenta, y mucho. Conocer nuestra psique y emocionalidad será de gran ayuda para reajustar, añadir, amoldar y modificar estos pasos a mis tiempos y mis necesidades.

 

“La mayoría de los problemas en la vida se deben a dos razones: actuamos sin pensar o seguimos pensando sin actuar.” – Zig Ziglar

 

Podríamos hablar de seis tendencias psicológicas que obstaculizan, e incluso bloquean, la puesta en marcha de estrategias orientadas a la solución eficaz de problemas. Estas tendencias sabotean nuestras mejores intenciones a la hora de superar nuestras dificultades y alcanzar nuestras metas.

 

6 TENDENCIAS PSICOLÓGICAS QUE SABOTEAN LA SOLUCIÓN EFICAZ DE PROBLEMAS

 

1. La baja tolerancia a la frustración. Incrementa la probabilidad de poner en marcha respuestas o intentos de solución incompletos de forma precipitada y sin haber sopesado las consecuencias de los actos. A la mínima dificultad abandonamos, nos rendimos.

2. El Perfeccionismo. El miedo a cometer errores ante una situación problemática, puede llevarte a no iniciar ninguna solución y postergar continuamente la decisión en una búsqueda incesante de “la solución perfecta”. Equivocarse es parte del proceso de resolución racional de problemas y nos permite mejorar y perfeccionar nuestras habilidades para afrontar situaciones potencialmente enriquecedoras. Puede que no encuentre la solución perfecta, pero sí una solución. Si no me expongo no aprendo y sigo manteniendo el «problema».

3. Reacciones emocionales. Las emociones condicionan nuestros pensamientos y éstos a su vez nuestras conductas y respuestas a los estímulos. Cuando no estamos entrenados en gestionar nuestras emociones, se potencian nuestras reacciones emocionales y conductas por impulso (detonamos). Imagina cómo verías la situación si estuvieses de «mejor humor», ¿Tomarías la misma decisión?

4. La tendencia a la evitación. También conocido como afrontamiento evitativo, comportamientos de evitación y manejo de escape. Esta forma de afrontamiento favorece la preocupación, el estrés y la ansiedad. Evitamos la situación estresante a corto plazo, pero continuamos dándole vueltas en nuestra mente y ¡solo saldrá de la mente cuando se haya hecho!. De manera que, postergar las decisiones o la puesta en marcha de soluciones concretas, incrementa la percepción de amenaza y malestar. Pero no solo eso, también hará que disminuya la percepción de autoeficacia y autonomía personal.

5. Atribución errónea de causas. Puede ocurrir que estemos considerando equivocadamente la causa del problema. Intenta buscar interpretaciones alternativas, esto puede ayudarte a identificar la causa real y encontrar soluciones más efectivas.

6. Poner el foco en lo que no depende de nosotros. En ocasiones nos centramos en aspectos del problema que no dependen de nosotros, equivocamos el foco de actuación, y puede que afrontemos de forma activa el problema pero estemos mal orientados. Analiza muy bien qué depende de ti y cuáles son los objetivos de la solución elegida.

 

En conclusión, para resolver los problemas es esencial afrontarlos con una actitud positiva; no hay que verlos como amenazas, sino como retos o desafíos, que a pesar de poner a prueba nuestras capacidades, también nos permiten evolucionar y desarrollar nuestras habilidades. Hacer el trabajo de conocernos, de aprender a gestionar nuestras emociones y pensamientos negativos, es clave para lograr un estilo de afrontamiento de problemas eficaz.

 

“Escuchar y entender nuestros sufrimientos internos, resolverán la mayoría de los problemas que encontramos.” – Thich Nhat Hanh

 

De corazón espero, que todo lo que comparto, te ayude a iluminar allí donde más oscuro se ve.

Un abrazo.

 

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