Algunos de lo principales escenarios que dan origen a un sistema nervioso desregulado incluyen: la negligencia en alguna de sus formas, el abuso infantil en cualquiera de sus formas, la pobreza, la invalidación, enfermedad mental en el sistema, padres emocionalmente inmaduros, crecer en un hogar o entorno violento, padres narcisistas, la sobreprotección, la desprotección, entre otros.
Ya hemos hablado en otras ocasiones acerca del trauma y de como el trauma no solo se origina en escenarios o vivencias catastróficas o evidentes, sino que también se origina a partir de gestos, conductas y ausencias que se normalizaron y camuflaron en lo cotidiano (lo que no pasó también duele).
La realidad de estos escenarios, es que para quienes crecieron en ellos era «lo normal», incluso las consecuencias para sus cuerpos, áreas de su vida y conductas también «era lo normal» y, probablemente, no será hasta años después que reconocerán todo el dolor y daño acumulado. Y esto es lo que sucede con el trauma, especialmente cuando el trauma crónico se condiciona como “normal” en nuestros años de desarrollo.
Llegamos a la adultez viviendo con estrés, ansiedad, depresión, en desconexión, hipervigilancia, … habiendo desarrollado enormes dificultades para conectar con nuestro mundo emocional y para manejar nuestras propias emociones. Podemos pasar de sentirnos entumecidos y desconectados, a sentirnos atrapados en la hiperproductividad, el “modo hacer» e incapaces de parar. Hay quienes ni siquiera pueden pasar de un estado a otro y viven atrapados en cualquiera de los extremos.
En anteriores artículos hemos hablado sobre la desregulación, la regulación, heridas de infancia, la experiencia emocional, … pero en el artículo de hoy quiero compartir algunos de los patrones que surgen de tener un sistema nervioso desregulado que más aparecen en consulta, y entre ellos se encuentran:
1. Desregulación emocional:
La imagen que se nos puede venir a la mente de inmediato cuando escuchamos la palabra desregulación es la de una persona “descontrolada”, con arrebatos o explosiones emocionales o que no puede controlar su ira. Esto a menudo nace como una respuesta de “lucha” en la que las discusiones, la actitud a la defensiva o los sentimientos de persecución, hacen que la persona reaccione con impulsividad en lugar de responder con intención y consciencia de sí mismo.
Sin embargo, la desregulación emocional también es la imagen de una persona que evita sus emociones, sobre todo aquellas que le hacen sentir vulnerable como por ejemplo: la ira, los celos, la tristeza o incluso el amor. Esto hace que prefieran reprimir, negar y bloquear estas emociones, lo que da lugar a la autoinvalidación y autorepresión, así como grandes dificultades para expresar y recibir amor/afecto (que suelen sustituir por lo material y el hacer).
2. Búsqueda de emoción:
La búsqueda de emoción también es un signo común de un sistema nervioso desregulado. Si nuestro sistema se ha sobre-esforzado por sentirnos congelados o desconectados (semáforo rojo = sin recursos, sin salida, bloqueado), o crecimos en entornos caóticos y estresantes, entonces lo más seguro es que nos sintamos atraídos por relaciones disfuncionales, experiencias peligrosas o dramas para poder “sentir” (lo familiar, lo conocido). Los patrones pueden ser más sutiles como la emoción que se experimenta por la adicción al trabajo donde la emoción (ese «sentir» que se busca) proviene de sentirse agotado física y mentalmente. (Esto tiene que ver con la adicción que se crea ante ciertos *patrones emocionales).
*Adicción a ciertos patrones emocionales: no se trata simplemente de sentir, sino de hacernos con los recursos internos necesarios para permitirnos fluctuar por los diferentes estados de nuestro sistema nervioso (regulación = semáforo). Cada estado emocional tiene una respuesta química a nivel cerebral diferente. Al repetir ciertos «patrones emocionales» en el tiempo, las células se vuelven adictas a esa sustancia química. Así es como las células le piden cada vez más al cerebro esa sustancia química (ese patrón emocional). Sin esa sensación a la que estamos acostumbrados, lo pasamos mal (ansiedad, angustia, …) y la buscamos bajo cualquier comportamiento que permita generar esa emoción (consciente o inconscientemente). Quedarnos anclados en alguna emoción, como la rabia, la vulnerabilidad, la impotencia, la culpa, etc., supone un gran gasto de energía. Todas nuestras reacciones se ven condicionadas por esa emoción y nos condenamos a vivir por y para la emoción (patrón emocional).
3. Rumia mental:
Pensar demasiado es muy común en las personas en estado de “lucha”(semáforo amarillo). Pensar demasiado hace que una persona reflexione sobre la situación, o una persona que la mantiene atrapada en la situación y no la solución, por lo que la mantiene en la familiaridad de “pelear”. Las personas que están atascadas en su cabeza pueden encontrar alivio momentáneo en situaciones de pensamiento, y pensamiento excesivo, porque les impide sentir. La rumia consiste en analizar excesivamente e intelectualizar situaciones para que no sea necesario sentir las emociones. Así es como esta respuesta al trauma ayuda a una persona propensa a pelear/arrancar (modo lucha/huida/movilidad) manteniéndola momentáneamente atascada y pensando demasiado en una situación lo que comúnmente desencadena en más trauma.
Los que piensan demasiado examinan constantemente su entorno, buscan ángulo y tratan de racionalizar o intelectualizar una situación para poder: Huir de ella y para no tener que sentir (mientras estoy en la mente no estoy en el cuerpo).
4. Hipervigilancia:
Esto es muy común tanto en lucha como en huida (semáforo amarillo). La hipervigilancia es similar a pensar demasiado, excepto que no es nuestra mente la que trabaja horas extra, sino nuestro cuerpo y nuestra reacciones. Estamos constantemente nerviosos buscando una discrepancia entre las palabras y los hechos, buscando constantemente una razón para irnos o huir y escapar de las relaciones amistades o situaciones que desencadenan nuestro trauma. Vemos un peligro que no existe, o inconscientemente buscamos amistades, relaciones, vínculos o situaciones que desencadenan la respuesta al trauma de “huir”. No confiamos en los demás y buscamos constantemente “ese algo” que confirme nuestro temor. Esto nos hace sentirnos fácilmente amenazados y terminamos inmersos en situaciones que refuerzan nuestros sentimientos de miedo (búsqueda de emoción).
Tras esta hipervigilancia se encuentra la necesidad de seguridad insatisfecha. Probablemente en nuestra infancia se violó el sentido de “seguridad y protección”, de manera que en la adultez tenderé a reproducir inconscientemente situaciones en las que se despierte esa herida no sanada (la inseguridad y desprotección). Repetimos para reparar.
5. La sobreexplicación:
La sobreexplicación en la adultez suele ser una respuesta aprendida en la infancia, donde tal vez experimentamos situaciones en las que sentíamos que nuestra voz no era escuchada o nuestras emociones eran constantemente invalidadas. Crecimos con la fantasía de que, si encontrábamos las palabras perfectas o explicábamos lo suficiente, podríamos evitar conflictos, satisfacer expectativas o conseguir la aceptación de quienes nos rodeaban.
Por ejemplo, haber crecido con figuras de autoridad que minimizaban nuestras emociones con frases como “No es para tanto” o ”¿Por qué haces tanto drama?” puede hacernos creer que necesitamos justificar constantemente lo que sentimos o queremos. Asimismo, haber sido niños en entornos donde se nos pedía perfección o donde un error generaba castigos desproporcionados, puede llevarnos a pensar que explicarnos en exceso es una forma de evitar críticas o malentendidos.
Otra raíz común es haber vivido en un hogar con conflicto constante, donde nos sentíamos responsables de mantener la paz y creíamos que, si explicábamos suficiente, podíamos evitar tensiones o confrontaciones. En la mayoría de ocasiones, la sobreexplicación no es más que un intento de protegernos de rechazos o críticas que alguna vez sentimos como insuperables.
Reconocer este patrón es el primer paso para soltarlo. No necesitas justificar cada paso o emoción para ser válido o comprendido. A veces, confiar en que tus palabras son suficientes es un acto de superación. Después de todo, la aceptación no se logra a través de sobreexplicaciones, sino mediante la seguridad de que mereces ser escuchado tal y como eres.
*Aquí puedes conocer 6 señales más de tener un sistema nervioso desregulado, es decir, en alarma constante: aquí
¿Con cuántas te has identificado?, ¿Estás lista para hacer algo al respecto?
Hay algo poderoso que podemos hacer: aprender a sostenernos desde adentro, ampliar nuestra ventana de tolerancia.
Una de las herramientas más efectivas: La respiración consciente (Breathwork), no es solo una herramienta; es un regreso a nosotros mismos, a nuestra autenticidad. Es una forma de reconectar con nuestro cuerpo, habitarnos, calmarnos y sostenernos en el caos, reescribir nuestra historia con más conciencia, presencia y claridad. Desarrollar nuestra confianza interna, devolvernos la seguridad y con ello la autenticidad. Es crear coherencia interna (entre lo que piensas, sientes y haces).
Necesitamos recursos para enfrentarnos a la vida con resiliencia y claridad, y algo tan simple como tu respiración puede cambiarlo todo, puede transfromar tu vida. ¡Literalmente!
Aprende a conectar contigo, a regular tu sistema nervioso y a descubrir la paz y la sabiduría que siempre ha estado dentro de ti.
Si desarrollamos herramientas de regulación, contaremos con un filtro poderoso que nos permite lidiar con el estrés y con la adversidad desde un lugar de «poder» (decisión/elección). Podemos ser más resilientes y afrontar las circunstancias que la vida nos depara de forma funcional y efectiva.
¿Quieres que te acompañe en tu proceso?
Te acompaño en tu proceso: Te acompaño en ese viaje hacia lo más profundo de ti, a ir soltando todo lo que no te pertenece, a ir poniendo luz a esas partes que tuviste que esconder, ir renunciando a la esclavitud de la aceptación de otros, volver a sentirte segura siendo tú. Sentirte adulta, aceptarte y poder darte la incondicionalidad legítima que un día quizás no recibiste y que aún hoy estás necesitando. Pregúntame sin compromiso.
*Todos los procesos son personalizados y adaptados a la persona y sus circunstancias. (Nadie viene con manual de instrucciones)
Espero de corazón que todo lo que te comparto te sea de gran ayuda e ilumine ahí donde más lo necesites.
Un abrazo lleno de luz y fuerza✨
Manual de autosanación: «HERIDA. Comprender y sanar a mi niña interior»Un viaje a tu interior, un mapa de ruta exacto compuesto por 30 capítulos y 14 anexos que te ayudarán a identificar tus propias capas de dolor, de qué se compone cada una de ellas, que entiendas la función que cumplieron y de qué te intentaron e intentan proteger, qué las detona y cuál es su secuencia.Un viaje para ir quitando poco a poco y con mucho cariño, todas esas capas que te separan de tu esencia y puedas al fin descubrir todo lo que eres en realidad. Sentirte adulta, aceptarte y poder darte la incondicionalidad legítima que un día no recibiste y que aún hoy estás necesitando. (Edición revisada, actualizada y ampliada). *Manual para consultantes y terapeutas.
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