¿Alguna vez te ha pasado que te han regalado algo o te han ayudado y quedarte pensando en por qué lo hará?
Quedarte con esa sensación extraña, incómoda, incluso con una especie de sentimiento de culpa. Quieres inmediatamente corresponderle o al menos encontrar el cómo y el cuándo le pagarás de vuelta.
A veces incluso, llegamos a pensar que hay una segunda intención y que en realidad quieren conseguir algo de nosotros.
Sea como sea, en nosotros se despierta un sentimiento de estar en deuda, y tanto es así, que en marketing se utiliza mucho esta estrategia por ejemplo, darte algo gratis para dejarte con ese sentimiento de deuda y pagues con una compra.
El caso es que parece que nos sentimos más cómodos cuando damos que cuando recibimos y hemos crecido con esta creencia generalizada de que “darse o dar a los demás es de buenas personas” y consideramos que “ya recibiremos en la medida en la que lo merezcamos” porque de no ser así, es algo así como estafar y ser egoísta.
Hemos escuchado frases como “sé generoso, ayuda al prójimo, comparte con los demás, no seas egoísta…” Y no me mal interpretes, dar y regalar es algo que a mí también me hace sentir bien, pero honestamente, esto tiene mucho que ver con mis programas inconscientes, en los que asocio dar y regalar con ser buena persona y merecedora de cosas buenas. Y te sigo siendo honesta cuando te digo que me doy y que regalo de corazón.
Pero cuando uno cae en el dar todo el tiempo sin permitirse recibir, cae en el patrón de desvalorización (yo no me lo merezco), porque cuando uno no se permite recibir sin sentir incomodidad, es porque funciona con el patrón de pensamiento “ahora yo le devo algo, tengo que corresponderle” , con lo cual quiere decir que, inconscientemente, pienso que al yo DAR, me lo tienen que devolver, aunque al recibir me vaya a sentir incómoda, pero de alguna manera me sentiré pagada, me sentiré correspondida.
Cuidado con el dar en exceso porque puede tratarse de un mecanismo para tapar culpas o comprar afecto.
Pero volviendo al aprender a recibir, nos tiene que quedar claro que, en toda relación sea cual sea su forma (amor, amistad…) debe existir un equilibrio entre dar y recibir.
Porque, tanto si damos en exceso, como cuando recibimos en exceso, generamos un desequilibrio que pone en peligro las relaciones y nos ponemos en peligro a nosotros mismos (ya hemos hablado de la desvalorización y el merecimiento).
El acto de dar y recibir también tiene sus límites, no debemos dar más de lo que el otro pueda recibir (y que esté preparado para recibir) y tampoco debemos dar más de lo que tenemos, porque nos quedaremos sin nada más que ofrecer.
Cuando en una relación, uno siente que recibe más de lo que da, se siente en deuda con la otra persona, incluso a veces, se siente tan en deuda que se convierte en una carga insoportable si considera que no puede compensarla y podría decidir terminar la relación.
En otras ocasiones, es tanto lo que damos que acabamos exigiendo recibir lo mismo que damos y colocándonos así en una posición de superioridad con respecto a nuestra pareja y generándonos una sensación de descontento y de vacío. Sobre todo si damos con la creencia inconsciente de ser pagados de vuelta.
Y respecto a esto, si te resuena, compartí hace un tiempo un post que llamé “PÁGAME” y que puedes encontrar en mi instagram y en mi página de facebook.
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En conclusión:
Cuando no existe un equilibrio entre dar y recibir en una relación, se produce tal desequilibrio que, o se convierte en una relación “tóxica” o se termina destruyendo por completo.
Aprendamos a recibir, simplemente dando las gracias, entendiendo que al igual que a nosotros, el otro también se sentirá bien al dar, miremos el gesto desde la abundancia y confiemos en que la vida funciona así, un constante dar y recibir puesto que la naturaleza aborrece el vacío.
Tengamos presente que R E C I B I R es igual de importante que D A R, ha de existir un equilibrio para poder establecer relaciones sanas, funcionales y para vivir en armonía.
De corazón espero, que todo lo que comparto, te ayude a iluminar allí donde más oscuro se ve.
Un abrazo.
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