El miedo, la alarma que te avisa de una situación de peligro.

Es una emoción de las más antiguas y relacionadas con tu seguridad. Antes de huir, paralizarse o luchar presta atención a lo que te dice para saber qué pasa en ti en relación a tu entorno.

El miedo es una emoción que viene a contarte que no tienes recursos para afrontar determinada situación: 

 

  • ¿Qué significa esta situación para ti? 
  • ¿Cuentas con los recursos y las habilidades para alcanzar tus objetivos?
  • ¿Necesitas ayuda en esta situación difícil?
  • ¿Es un peligro real?

 

El miedo es totalmente necesario, cumple la función de protegernos y guardarnos de eso que considere peligroso para nuestra supervivencia física o emocional. Sentir miedo es sano cuando es adaptativo y no te bloquea o paraliza en exceso, esto significa que el peligro es real o que la falta de recursos existe. 

Aprender a gestionar el miedo implica ser consciente de lo que necesitamos para avanzar o afrontar determinada situación, por eso es importante que en el momento de sentirlo nos hagamos con esos recursos que necesitamos antes de que el miedo se apodere de nosotros y nos paralice.

Lo sé, la teoría es fácil, por eso es importante conocer bien el mecanismo del miedo, para poder gestionarlo de forma adecuada.

 

Cuando el miedo llega, sentimos la ausencia de capacidades y recursos para llevar a cabo nuestros objetivos o para proyectar la aceptación de nosotros mismos tal y cómo somos. Cuanto más importante sea para nosotros lo que estamos viviendo, mayor será la sensación de parálisis o bloqueo. 

 

El miedo también aparece ante la incertidumbre, ese no saber qué va a pasar, lo no conocido, lo nuevo… nos avisa de que eso no es seguro y puede que estemos en peligro. Tienes que saber que, muchas veces, sentimos que no disponemos de los recursos y habilidades cuando en realidad sí que los tenemos, aquí el miedo te está mostrando tu inseguridad. ¡A trabajar en ello!

Puede que el miedo sea a decir que No o que surja por el simple hecho de crear expectativas de fracaso en el futuro.  Si tu miedo está en decir no, el miedo real estará en el rechazo y la desaprobación.

 

Es una emoción que empuja a retraerse o huir, te dispone a la timidez, perder la voz, alejarte del otro rápidamente, salir de la situación… Todo ello para salvaguardar tu seguridad e integridad.

Cuando el peligro no es real, puede deberse a que la emoción de miedo genera pensamientos, que destapan heridas más antiguas (experiencias pasadas), que confirman que no te sientes seguro. Estos pensamientos te dicen que puedes volver a fallar, que se van a volver a reir de ti, que te van a volver a traicionar, que vas a perder…y un largo etc. Aquí el peligro no es real pero hay algo de la situación de hoy similar a una “mala experiencia” del pasado. Las escenas que se viven con emociones muy intensas, se graban a fuego en nuestra psique.

 

Es una emoción que te hace sentir vulnerable, incluso débil y necesitas encontrar un sostén, resguardo, protección y seguridad.

Puede generar pensamientos y sentimientos más complejos, o disfrazarse de otra emoción que como el enfado o la tristeza «tapan» el Miedo para que no se vea. Cuando el miedo te dispone a la lucha, puede volverse peligroso cubierto por el enfado.

Para que esto no suceda, debes atender la emoción de miedo, buscar eso que te dice que estás necesitando, escucharlo para discriminar información, es decir, “¿Cuánto de esto que me cuenta el miedo tiene que ver conmigo y cuánto de la situación real?”

 

Es importante que sepas que el miedo ni se lucha ni se vence; el miedo se atiende, se siente y se afronta. Cuando luchas contra él, lo ves como algo externo y desde ahí no puedes actuar. Obviarlo o reprimirlo lo hará más grande y las alertas que se disparan cambiarán de forma pero seguirán avisándote. 

 

¿Por qué puede ser peligroso no atender el miedo?

 

Las emociones reprimidas y enquistadas terminan somatizando y creando enfermedades, no solo la emoción de miedo, TODAS.

Esto es parte de lo que pasa en tu cuerpo cuando sientes miedo:

 

  • La percepción de tus sentidos se expande para que puedas captar del entorno más cantidad y mayor información.
  • Lanza una descarga de adrenalina, noradrenalina y cortisol.
  • Ensanchar el tórax para recibir mayor volumen de oxígeno.
  • Aumentará la tensión arterial y se contraerán tus músculos. 
  • El aporte sanguíneo se desviará en mayor cantidad a las extremidades.
  • El corazón late con más fuerza y la respiración se vuelve más profunda y rápida.
  • Provoca una tensión generalizada en el cuerpo, como la que experimentas en estados de estrés. 
  • Quemarás más rápidamente la glucosa de tu cuerpo, la digestión se hace más difícil y la secreción de fluidos más abundante. 
  • Tus movimientos serán rápidos e inseguros o lentos e inestables.

 

Este estado interno, sostenido en el tiempo, tiene graves consecuencias. 

 

¿Miedo adaptativo o desadaptativo?

 

Siente el miedo y observa tu entorno, esto nos ayuda a conocer si es desproporcionado para la situación que estoy viviendo.

Puede ayudarnos pedir opinión a alguien de confianza, a veces, contar con otro punto de vista nos aporta una nueva perspectiva e incluso caer en detalles que no veíamos.

Cuando estoy sintiendo más miedo de lo «normal» para una situación determinada, significa que habla de mi historia personal y no de la situación real. Bien sea de experiencias pasadas o de la inseguridad que cargo.

 

Prueba a preguntarte:

¿Tengo los recursos necesarios para afrontar esto que me causa miedo?

 

Si la respuesta es que no, el miedo es saludable, porque nos informa y previene para ir en busca de los recursos y habilidades que la situación requiere. 

Si la respuesta es sí, que sí cuentas con los recursos, habla de una historia personal que hay detrás y está por resolver.

 

De modo que puedes preguntarte: ¿De dónde viene esta cantidad de miedo, que no pertenece a la situación de hoy?, ¿Cuándo me sentí así por última vez?, ¿Cuándo me sentí así por primera vez?, ¿A qué situación del pasado se parece?

Como ya te he contado al principio, la situación de hoy, puede hacer que descarguemos situaciones similares del pasado junto con sus pensamientos automáticos asociados. Para gestionar nuestro miedo, en este caso, lo primero es detectar esos pensamientos y hacernos conscientes de que no hablan de hoy ni de la realidad. 

Tener identificado el mecanismo, es el primer gran paso para poder razonar con nuestro miedo: 

PENSAMIENTO- EMOCIÓN – COMPORTAMIENTO

 

El siguiente paso es entender qué se cuece en nuestro interior, y esto es, que cuando sentimos ese miedo dentro de nosotros habitan dos partes: Nuestra parte que teme (mi yo del pasado) y nuestra parte que asusta (pensamientos asociados a aquella escena del pasado y que ante circunstancias similares se repiten)

A partir de ahí, rompe con las creencias que giran alrededor de la experiencia pasada y que hoy no te son funcionales y te están limitando. Que tus partes lleguen a un entendimiento que te permita afrontar la situación de una forma funcional y adaptativa.

 

Aprovecha el Miedo para saber de ti….pregúntate:

 

  • ¿Qué recursos te faltan para alcanzar lo que deseas?
  • ¿Qué necesitas para comprender lo que ha pasado?
  • ¿De quién necesito ayuda?
  • ¿Se trata de mi inseguridad?
  • ¿Conozco mis recursos?
  • ¿Me siento capaz?
  • ¿Te permites sentir miedo?
  • ¿Es una emoción que tapa a otra que no dejas salir?
  • ¿Qué opinión tienes de las personas que sienten miedo?
  • ¿Qué dice esa opinión de ti?
  • ¿El miedo está en la lista de tus emociones más vividas o en la que menos?

 

 

De corazón espero que todo lo que te comparto te ayude a encontrar un poquito de luz y de paz.

Un abrazo.

 

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